Como si rompiéramos una rama. Como el crepitar de una hoja seca al pisarla. Como el crujido de una cáscara de almendra al separarla de su fruto. Como el maullido constante de un gato debajo de tu ventana. Así suena el llanto de un niño en la noche. Desgarrador e impaciente. Como un vendaval de viento levantando las tejas de la casa cuando el llanto dura horas y horas. Como si todas las desdichas de la tierra fueran a caer sobre uno. Lo he pensado mientras oigo a esas criaturas que lloran indefensas y desconsoladas debajo de las tiendas de lona empapadas de lluvia y tierra. Lo he pensado mientras veo sus caritas de miedo, los ojos abiertos a la oscuridad, la sonrisa convertida en una mueca horizontal y vacía. ¿Qué extraño dolor es éste que me impide gritar mientras me resquebrajo por dentro? No lo sé. Me doblo y ahogo mientras millones de niños esparcidos por la tierra permanecen aislados, desasistidos, enfermos, hambrientos, golpeados, y un sinfín de desventuras que hemos inventado para ellos. Y es entonces cuando vuelvo al papel y despliego mi alma en miles de pedazos para quedarme tranquila a pesar de que ya sé que con ello poco o nada puedo hacer. Elsa López ha publicado en Hiperión otros libros como Hospital de mariposas, Viaje a la nada o Últimos poemas de amor (a la memoria de Paul Éluard).
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